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viernes, 15 de agosto de 2014
Mariah Carey - Me. I Am Mariah... The Elusive Chanteuse, que no te engañe el título o la portada.
Con un par de meses de retraso, traigo a Pop Sin Ley la review del ni más ni menos que decimocuarto álbum de estudio de Mariah Carey, una de las cantantes de pop (aunque su registro siempre ha estado muy ligado al r&b) más importantes de los últimos años. Aunque Mariah ahora esté más en la liga de esas artistas que siguen lanzando música pero ya no son consideradas las superventas que eran antes; allá por los noventa, aún en plena hegemonía Madonnica (aunque, ¿ha acabado esta realmente?), Mariah era todo un ídolo de masas, una propuesta nueva que traía los sonidos que habían aparecido a finales de los ochenta y principios de los noventa en Estados Unidos, con una música limpia, sensual y muy romántica. Solo con decir que es de las poquísimas (por no decir única) que ha conseguido tener éxito con un disco de villancicos (no creo que sea el único que conozca All I Want For Christmas Is You) os pongo en situación.
Pues bien, en una época en la que el pop, en especial femenino, está de capa caída, Carey se decide a lanzar álbum. El otro día veía una lista de los discos de solistas femeninas más vendidos de 2014 y lo que veía era desesperanzador: superventas como Britney o Gaga eran totalmente ausentes, álbumes considerados fracasos comerciales como Shakira encabezando la lista y nombres quizás menos conocidos en el ámbito mainstream como Lana Del Rey o Miranda Lambert en los puestos más altos. ¿Lo peor? Ninguno de más de 1 millón de ventas (este año). Aún así, quizás animada por los resultados de BEYONCÉ, Mariah lanza Me. I Am Mariah...; nadie esperaba grandes ventas pero, respecto a calidad, no todo está dicho.
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miércoles, 13 de agosto de 2014
FKA twigs - LP1, la chica que deberías conocer lanza el disco que deberías escuchar.
Tras un año duro, lleno de trabajo y pocos momentos entre medias en los que hacer todo aquello que me apetecía (entre ello, actualizar Pop Sin Ley), con el verano llegó mi merecido descanso (y espero que el vuestro también), con lo cuál lo que menos me atraía era escribir entradas después de un año en el que habré escrito cientos de miles de palabras. Aún así, si alguien no ha podido vivir sin mis reseñas de discos, le pido sinceras disculpas y le aviso de que aún quedan en el tintero críticas de discos tanto que me dejé el año pasado (véase Yeezus, Bad Blood, Days Are Gone...) y otros de este año, como el de Mariah Carey, el de Sia, el de JLo...
Doy un paro a mis vacaciones para hablar de uno de los discos que posiblemente más me hayan sorprendido y gustado este año, a pesar de aún ser agosto y de llevar fuera un par de semanas, LP1 de FKA twigs.
Conocí a twigs hace cosa de un año cuando oí un par de temas suyos, y al no caer en la suerte de escuchar Water Me (uno de sus temas clave y la gran ausencia del disco) no me convenció. Aún hoy al escuchar esos temas, me da la impresión de ser, en su mayoría, temas con unas bases absolutamente hipnóticas y magníficas pero cuya melodía se queda en algo simple y carente de interés. Y es que Papi Pacify puede tener una atmósfera oscura y sensual y algún momento potente, pero, aún siendo uno de sus temas más exitosos, no como para llenar cinco minutos de canción. Eso, en el debut de la medio jamaicana medio española de nombre Tahliah Debrett Barnett (como pa' acordarse...) está totalmente superado, con melodías muy dignas y más de un momento de ponerse los pelos de punta.
Conocí a twigs hace cosa de un año cuando oí un par de temas suyos, y al no caer en la suerte de escuchar Water Me (uno de sus temas clave y la gran ausencia del disco) no me convenció. Aún hoy al escuchar esos temas, me da la impresión de ser, en su mayoría, temas con unas bases absolutamente hipnóticas y magníficas pero cuya melodía se queda en algo simple y carente de interés. Y es que Papi Pacify puede tener una atmósfera oscura y sensual y algún momento potente, pero, aún siendo uno de sus temas más exitosos, no como para llenar cinco minutos de canción. Eso, en el debut de la medio jamaicana medio española de nombre Tahliah Debrett Barnett (como pa' acordarse...) está totalmente superado, con melodías muy dignas y más de un momento de ponerse los pelos de punta.
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sábado, 5 de abril de 2014
Kylie Minogue - Kiss Me Once, o cómo demostrar que aún tienes fuelle.
Kylie no es Björk, y eso está bastante claro. Jamás podremos mezclar 'Kylie Minogue' y 'experimental' en la misma frase. La artista con menos haters del universo (aunque quizás también, una de las más infravaloradas) nunca ha arriesgado del todo, y aún así, siempre le ha ido bien. Algunos pueden achacarlo a suerte, a contactos, pero para mí la razón es clara, y es que es la única que ha sabido siempre (y digo siempre) mantener esa raya entre hacer pop ultra comercial -sin rozar salvo en contadas ocasiones lo genérico- y darle toques novedosos, modernos, que a lo mejor suenan a 3 años atrás en las esferas underground, pero que siguen sonando modernos en una escena mainstream que siempre va mínimo cinco años por detrás del vanguardismo.
martes, 17 de diciembre de 2013
Beyoncé - BEYONCÉ (I: las canciones), el juego es suyo.
2013 es, sencillamente, uno de los años más decepcionantes para el pop mainstream del siglo XXI. Solo salvaría la aparición de Lorde en la palestra. No es que hayamos tenido malos discos, ni lo horteras que son Bangerz o ARTPOP, ni lo aburridillo que es Prism, ni lo genérico por momentos que es Britney Jean hacen de estos álbumes unos malos trabajos. Hemos recibido algunas de las mejores canciones de las carreras de estas artistas. Miley Cyrus se ha marcado un gran tanto con Wrecking Ball, pero también diría que FU es de sus mejores; Gaga ha conseguido lo que sus fans necesitaban con Venus; Perry, con Legendary Lovers y la princesa en decadencia, Britney, nos ha traído un temazo como Alien. Sin embargo, aunque la calidad de esos álbumes no es para llevarse las manos a la cabeza, hemos obtenido algo que me parecía imposible teniendo lanzamientos de cuatro grandes del pop: una falta de innovación absoluta. Sin embargo, 2013 no ha acabado, y a poco más de dos semanas para terminarlo, va Beyoncé y nos da un disco por sorpresa. Y no solo un disco, sino un disco visual, con catorce temas y diecisiete vídeos, nada más y nada menos. Se desprende de toda promoción previa, del subidón en las listas que puede dar un vídeo, y lo hace un viernes, justo después de que casi todos los blogs hayan publicado las listas de los mejores álbumes del año. ¿Locura? ¿Genialidad? Ambas cosas.
Beyoncé va por libre, y eso se nota en, valga la redundancia, BEYONCÉ. Con raíces de R&B y rodeada de raperos de éxito, la de Tejas nos vuelve a decir tras 4 que sus temas pop no son más que casos aislados. Porque, sin dejar de ser un disco pop, BEYONCÉ tiene de todo, pero hay algo en lo que escasea al completo: temas poperos de los que oyes y sabes que van a ser número 1.
Comenzamos con un cursi discursillo sacado del vídeo en el que Bey abre Pretty Hurts diciéndole al presentador que su aspiración en la vida es ser feliz. En una sorprendentemente bien realizada crítica a la excesiva importancia que se le da a la imagen, Pretty Hurts, en cuya composición figura Sia, es una de esas baladas típicas de Beyoncé, que hubiese sido un hitazo hace años (e incluso ahora puede serlo). Nos ofrece un buen momento en el que los fans de los baladones de la de Single Ladies van a disfrutar como locos. 8,5/10.
La suavidad de la Beyoncé de hace dos años se va pronto, viniendo un tema que sorprenderá a muchos. El sonido puede recordar ligeramente a temas como Sweet Dreams, pero menos pop. Dividido en dos partes, Haunted tiene de todo: una producción moderna, una intro hablada, R&B, inspiración en la Madonna noventera (lo que se plasma en uno de los dos vídeos que tiene esta canción). Si te gusta Haunted, estás de enhorabuena; no es la típica rareza que se queda como joya del disco, sino que Beyoncé te está diciendo como va a sonar el disco en gran parte. El hip-hop de su marido y el amigo de éste (hablo de Jay-Z y Kanye West) se hace presente, con una producción que, a pesar de recordar a estos dos, no queda metida con calzador, sino que da una atmósfera oscura y totalmente novedosa en la carrera de Beyoncé. Quizás en los 50 últimos segundos ya se le empieza a ver un poco el plumero a Beyoncé y base-melodía no peguen tan bien, pero, aún así, muy grande. 10/10.
Quizás en uno de los dos primeros singles del disco (éste para las radios urbanas), Drunk In Love, se le vea un poco más el juego a Beyoncé. Tras una introducción que podría pertenecer perfectamente a un descarte de Watch The Throne, se desplega un tema R&B de los siempre que, sin que te das cuenta, va cogiendo estrofas más marcadas hasta que Beyoncé no rapea pero casi. La collab con su marido, Jay-Z, era obligada, y no sé si es que no los soporto cuando están juntos, pero sus featurings no me suelen gustar demasiado. No está mal, es pegadiza, pero las hay mejores. 7/10.
Beyoncé nunca será recordada precisamente por su discurso feminista. Ni por sus récords. Ni siquiera por su música. Beyoncé será recordada por sus caderas y su forma de moverlas. Beyoncé es sexo, y eso lo sabe hasta ella. Por eso, no es extraño que en un disco llamado de forma homónima apareciese una canción sobre sexo, en este caso, sobre recibir sexo oral. Blow tiene de todo: gemidos, una melodía sensual y una letra muy insinuante. Con un Pharrel que repite fórmula (On My Own de Miley Cyrus suena idéntica), Blow no solo es tremendamente sensual, sino que es tan divertida y adictiva que es, sin lugar a dudas, el hit del disco. Un tema que podría romper las listas. Es más, a puntito ha estado de ser primer single. No esperes que Blow te deje ese sabor de boca que deja Haunted, no innova en absoluto; pero divierte, y, como mostró Bowie con su Aladdin Sane, si no puedes superar algo genial, intenta divertir. 9/10.
El siguiente tema, No Angel, tiene su gracia. Quizás no es el más atractivo del disco, pero esos versos en los que la madre de Blue Ivy se divierte cantando como si el calentón no la dejase respirar del todo bien y ese giro electro-oscuro que culmina con unos hipnotizantes no, no, no, no, no al final nos confirman que Beyoncé no se conforma con hacer una balada a piano y ver si hay suerte. Ha venido a cambiar las reglas. 8/10.
Con un let me hear you say Hey! Mrs. Carton! que debió de soltar en algún momento de su exitosa gira, Partition abre. Realmente, no es un tema. Tal como se muestra en sus dos vídeos, la primera parte se llama Yoncé, y, sin ser un tema trascendentalmente bueno, es una mezcla de hip-hop y pop muy girl-power que podría haber triunfado allá por 2004 y que, para qué negarlo, es pegadizo hasta las trancas. Sin una unión especialmente buena, aparece Partition, en la que el hip-hop vuelve a estar presente en versos que la de Tejas suelta con dejadez y una base que no llega a la grandeza de las bases de Yeezus o el ya mencionado Watch The Throne, pero que cumple su objetivo. 8'6/10.
Con Jealous, los baladones tipo Halo vuelven. Muchos han hablado de Pretty Hurts como la balada que podría ser hit, pero, para mí, Jealous tiene el carácter suficiente como para devolver los números 1 a la Queen B. 8,75/10.
No podía faltar un tema como Rocket, que nos trae a la Beyoncé más sencilla y soulera del álbum. Quizás que dure 6 minutos es excesivo, pero está mejor hecho que cualquier balada de 4. 7,5/10.
¿Balada otra vez? Eso dices cuando empieza a sonar Mine. Pero no tienes más que mirar que Drake colabora para darte cuenta de que no va a quedar ahí. Después de que Bey vuelva a desplegar su vozarrón, llega un casi apocalíptico puente en el que la voz modificadísima de Drake y la percusión van descompasados (lo que recuerda a Yeezus). Sin duda, uno de los momentazos del disco. 9/10.
El primer single para la radio mainstream es este prácticamente himno llamado XO. Esa base, esa melodía, es uno de esos temas que alegran a uno las tardes. Es difícil describir el tema, así que lo único que puedo decir es: 10/10.
El hip-hop se hace de nuevo presente en ***Flawless, que vuelve a ser un tema compuesto de dos: Bow Down, que es el primer tema que oímos del disco hace ya nueve meses y que es un guilty pleasure en forma de horterada pseudo-hip-hop unida mediante un inteligentísimo discurso femenista de Chimamanda Ngozi Adiche que merece la pena traducir al tema que da el título, Flawless, que recuerda a la segunda parte de Partition una barbaridad. Puedes considerarlo una horterada, pero es innegable que le da un toque al disco muy interesante. 8/10.
Quizás el único tema al que no le cojo el gancho. No sé si es un grower, pero ese toque pseudo-vintage con una melodía que ni fu ni fa que tiene Superpower no lo mejora ni la colaboración con Frank Ocean. No me gusta, simplemente así. 5/10.
Por si alguno ya estaba pensando que habían cambiado a la Beyoncé de 4 por una totalmente distinta, Heaven se desplega en el momento adecuado. Un baladón a piano que habla de un aborto y que, salvo por el Padre Nuestro al final en español, podría haber pertenecido a cualquier otro disco de la mujer. Bastante bonita. 7,5/10.
Y, finalmente, para rematar, el último temazo del disco. Blue, dedicada a su hija, es una balada en la que la producción lo da todo. Primero, un teclado vintage con más personalidad que cualquier producción del pop de 2013 y que da un momento realmente delicioso tras el estribillo; después, unos sintetizadores que vienen en el momento adecuado para dar un giro al tema; finalmente, una monísima Blue Ivy finalizando no solo el tema, sino el disco. Sin duda, perfecto. 10/10.
Puede resultarte una prepotente, puede caerte horrorosamente mal, puedes decir que se pone la piel más clara; sin embargo, hay algo que no puedes negar, y es que, con BEYONCÉ, la joven y explosiva Beyoncé de Crazy In Love ha madurado hasta convertirse en una mujer que, sin inventar nada, ha sabido aprovechar la grandeza de las producciones hip-hoperas de los últimos años para aportar algo nuevo, fresco e interesante al pop. No estoy seguro de si este álbum quedará como una joya escondida o hará al pop cambiar de una vez por todas; sin embargo, me atrevo a decir que, en la liga mainstream, es toda una revolución, y, sin alejarse al completo de ellas, no necesita beber de referencias de épocas pasadas para hacer algo novedoso. BEYONCÉ es un disco moderno, atrevido y mucho más inteligente que cualquier trabajo lanzado por una popstar en los últimos doce meses. Así sí.
“It's the soul that needs the surgery.”
Comenzamos con un cursi discursillo sacado del vídeo en el que Bey abre Pretty Hurts diciéndole al presentador que su aspiración en la vida es ser feliz. En una sorprendentemente bien realizada crítica a la excesiva importancia que se le da a la imagen, Pretty Hurts, en cuya composición figura Sia, es una de esas baladas típicas de Beyoncé, que hubiese sido un hitazo hace años (e incluso ahora puede serlo). Nos ofrece un buen momento en el que los fans de los baladones de la de Single Ladies van a disfrutar como locos. 8,5/10.
La suavidad de la Beyoncé de hace dos años se va pronto, viniendo un tema que sorprenderá a muchos. El sonido puede recordar ligeramente a temas como Sweet Dreams, pero menos pop. Dividido en dos partes, Haunted tiene de todo: una producción moderna, una intro hablada, R&B, inspiración en la Madonna noventera (lo que se plasma en uno de los dos vídeos que tiene esta canción). Si te gusta Haunted, estás de enhorabuena; no es la típica rareza que se queda como joya del disco, sino que Beyoncé te está diciendo como va a sonar el disco en gran parte. El hip-hop de su marido y el amigo de éste (hablo de Jay-Z y Kanye West) se hace presente, con una producción que, a pesar de recordar a estos dos, no queda metida con calzador, sino que da una atmósfera oscura y totalmente novedosa en la carrera de Beyoncé. Quizás en los 50 últimos segundos ya se le empieza a ver un poco el plumero a Beyoncé y base-melodía no peguen tan bien, pero, aún así, muy grande. 10/10.
Quizás en uno de los dos primeros singles del disco (éste para las radios urbanas), Drunk In Love, se le vea un poco más el juego a Beyoncé. Tras una introducción que podría pertenecer perfectamente a un descarte de Watch The Throne, se desplega un tema R&B de los siempre que, sin que te das cuenta, va cogiendo estrofas más marcadas hasta que Beyoncé no rapea pero casi. La collab con su marido, Jay-Z, era obligada, y no sé si es que no los soporto cuando están juntos, pero sus featurings no me suelen gustar demasiado. No está mal, es pegadiza, pero las hay mejores. 7/10.
Beyoncé nunca será recordada precisamente por su discurso feminista. Ni por sus récords. Ni siquiera por su música. Beyoncé será recordada por sus caderas y su forma de moverlas. Beyoncé es sexo, y eso lo sabe hasta ella. Por eso, no es extraño que en un disco llamado de forma homónima apareciese una canción sobre sexo, en este caso, sobre recibir sexo oral. Blow tiene de todo: gemidos, una melodía sensual y una letra muy insinuante. Con un Pharrel que repite fórmula (On My Own de Miley Cyrus suena idéntica), Blow no solo es tremendamente sensual, sino que es tan divertida y adictiva que es, sin lugar a dudas, el hit del disco. Un tema que podría romper las listas. Es más, a puntito ha estado de ser primer single. No esperes que Blow te deje ese sabor de boca que deja Haunted, no innova en absoluto; pero divierte, y, como mostró Bowie con su Aladdin Sane, si no puedes superar algo genial, intenta divertir. 9/10.
El siguiente tema, No Angel, tiene su gracia. Quizás no es el más atractivo del disco, pero esos versos en los que la madre de Blue Ivy se divierte cantando como si el calentón no la dejase respirar del todo bien y ese giro electro-oscuro que culmina con unos hipnotizantes no, no, no, no, no al final nos confirman que Beyoncé no se conforma con hacer una balada a piano y ver si hay suerte. Ha venido a cambiar las reglas. 8/10.
Con un let me hear you say Hey! Mrs. Carton! que debió de soltar en algún momento de su exitosa gira, Partition abre. Realmente, no es un tema. Tal como se muestra en sus dos vídeos, la primera parte se llama Yoncé, y, sin ser un tema trascendentalmente bueno, es una mezcla de hip-hop y pop muy girl-power que podría haber triunfado allá por 2004 y que, para qué negarlo, es pegadizo hasta las trancas. Sin una unión especialmente buena, aparece Partition, en la que el hip-hop vuelve a estar presente en versos que la de Tejas suelta con dejadez y una base que no llega a la grandeza de las bases de Yeezus o el ya mencionado Watch The Throne, pero que cumple su objetivo. 8'6/10.
Con Jealous, los baladones tipo Halo vuelven. Muchos han hablado de Pretty Hurts como la balada que podría ser hit, pero, para mí, Jealous tiene el carácter suficiente como para devolver los números 1 a la Queen B. 8,75/10.
No podía faltar un tema como Rocket, que nos trae a la Beyoncé más sencilla y soulera del álbum. Quizás que dure 6 minutos es excesivo, pero está mejor hecho que cualquier balada de 4. 7,5/10.
¿Balada otra vez? Eso dices cuando empieza a sonar Mine. Pero no tienes más que mirar que Drake colabora para darte cuenta de que no va a quedar ahí. Después de que Bey vuelva a desplegar su vozarrón, llega un casi apocalíptico puente en el que la voz modificadísima de Drake y la percusión van descompasados (lo que recuerda a Yeezus). Sin duda, uno de los momentazos del disco. 9/10.
El primer single para la radio mainstream es este prácticamente himno llamado XO. Esa base, esa melodía, es uno de esos temas que alegran a uno las tardes. Es difícil describir el tema, así que lo único que puedo decir es: 10/10.
El hip-hop se hace de nuevo presente en ***Flawless, que vuelve a ser un tema compuesto de dos: Bow Down, que es el primer tema que oímos del disco hace ya nueve meses y que es un guilty pleasure en forma de horterada pseudo-hip-hop unida mediante un inteligentísimo discurso femenista de Chimamanda Ngozi Adiche que merece la pena traducir al tema que da el título, Flawless, que recuerda a la segunda parte de Partition una barbaridad. Puedes considerarlo una horterada, pero es innegable que le da un toque al disco muy interesante. 8/10.
Quizás el único tema al que no le cojo el gancho. No sé si es un grower, pero ese toque pseudo-vintage con una melodía que ni fu ni fa que tiene Superpower no lo mejora ni la colaboración con Frank Ocean. No me gusta, simplemente así. 5/10.
Por si alguno ya estaba pensando que habían cambiado a la Beyoncé de 4 por una totalmente distinta, Heaven se desplega en el momento adecuado. Un baladón a piano que habla de un aborto y que, salvo por el Padre Nuestro al final en español, podría haber pertenecido a cualquier otro disco de la mujer. Bastante bonita. 7,5/10.
Y, finalmente, para rematar, el último temazo del disco. Blue, dedicada a su hija, es una balada en la que la producción lo da todo. Primero, un teclado vintage con más personalidad que cualquier producción del pop de 2013 y que da un momento realmente delicioso tras el estribillo; después, unos sintetizadores que vienen en el momento adecuado para dar un giro al tema; finalmente, una monísima Blue Ivy finalizando no solo el tema, sino el disco. Sin duda, perfecto. 10/10.
Puede resultarte una prepotente, puede caerte horrorosamente mal, puedes decir que se pone la piel más clara; sin embargo, hay algo que no puedes negar, y es que, con BEYONCÉ, la joven y explosiva Beyoncé de Crazy In Love ha madurado hasta convertirse en una mujer que, sin inventar nada, ha sabido aprovechar la grandeza de las producciones hip-hoperas de los últimos años para aportar algo nuevo, fresco e interesante al pop. No estoy seguro de si este álbum quedará como una joya escondida o hará al pop cambiar de una vez por todas; sin embargo, me atrevo a decir que, en la liga mainstream, es toda una revolución, y, sin alejarse al completo de ellas, no necesita beber de referencias de épocas pasadas para hacer algo novedoso. BEYONCÉ es un disco moderno, atrevido y mucho más inteligente que cualquier trabajo lanzado por una popstar en los últimos doce meses. Así sí.
“It's the soul that needs the surgery.”
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lunes, 12 de noviembre de 2012
Lana Del Rey - Paradise Edition, cuando emocionar es la única (y mejor) opción.
Desde ayer, lunes 12, ya tenemos de manera oficial la re-edición del disco debut de Lana Del Rey (y tercero de Lizzy Grant), Born To Die - The Paradise Editon. Un EP con nueve canciones, que se añade a aquel maravilloso disco, Born To Die. ¿Quieres saber qué me ha parecido?
El álbum (aunque no es propiamente un disco) comienza con Ride, primer single. Y es que puede que comenzar los discos con el primer sencillo sea un error, pero en este caso, Ride abre perfectamente el EP. Ya hablamos de él cuando salió, es soberbio, épico, bonito, con un vídeo 10 y de las mejores canciones de Lana. Ride también sirve como una muestra al concepto del álbum: la libertad; porque, ¿qué es más paradisiaco que conducir, bailar, amar sin que nadie te pare?
Seguimos con American, otro baladón que simplemente se te mete en la cabeza y no sale (en dos días estarás todo el rato cantando ese "you make me crazy, you make me wild" del estribillo. Me cuesta elegir cuál es el mejor tema, pero American es uno de los candidatos. Atención a cuando cada vez prolonga más el "wild" del estribillo.
Cola es una de esas canciones que adoras por muy estúpidas que te parezcan, por mucho que chirríen entre el resto de temas. Y no hablo de la música, sino de ese "my pussy tastes like Pepsi Cola". Que vale, que te puede saber el tema a lo que quieras, pero tampoco es plan de que le dediques una canción. Aún así, el tema se te mete en la cabeza, resultando una mezcla de las baladas de Born To Die y sus leaks más sensuales. Atentos al momento en que canta en falsete, el cuál estoy deseando ver cómo maneja en directo.
Con Body Electric llega uno de esos momentos raros; puede que las anteriores te hayan gustado más o menos, pero lo normal es que ésta la ames o la odies. Y no es para menos, porque el tema lo conocemos desde que lo cantó en el Sónar de Barcelona, y algunos preferirán una versión y otros otra. Puede que elijas el directo, tan soberbio y casi mágico. Por el contrario, quizá prefieras la versión del álbum, en la que la voz de Lana suena menos oscura, y por tanto no destaca tanto entre el resto de canciones. En mi opinión, creo que la canción es un temazo lo veas como lo veas, y aunque la versión del álbum no me acaba de convencer, supongo que es cuestión de acostumbrarse. Eso sí, el concepto "nacidos para morir" vuelve a aparecer aquí, con una letra depresiva y que merece la pena leer. Seguramente, esto tendría que haber estado en el disco, no en la re-edición, pero el caso es que lo tenemos.
Blue Velvet siempre será un gran tema, pero en la voz de Lana sí que parece acercarte al verdadero paraíso. Un gran punto eso de hacerla tan corta, como ya dije en uno de mis Top 5, te deja con ganas de más.
Gods & Monsters realmente es un pequeño cambio en la música de Del Rey. Si bien no es She's Not Me (Ride Or Die), esa percusión, esos "ruidos" del inicio y esa letra tan explícita dan la impresión de estar escuchando algo totalmente nuevo de Lana, y eso se agradece. Para entendernos, temazo.
Todos conocíamos Yayo, el tema estrella de su segundo disco (Lana Del Ray a.k.a. Lizzy Grant), y en esta versión sigue sonando bonita, adictiva, mágica y depresiva. Me alegro que los que no hayan tenido oportunidad de escuchar el disco del que Yayo proviene escuchen el tema ahora, porque realmente merece la pena.
La verdad es que con Bel Air sí que pega un bajón considerable el disco, porque Yayo se puede hacer aburridilla y con ésta lo remata. Es escuchable, tiene una letra preciosa y muy buena, pero conociendo gran parte de los leaks de Lana, como Serial Killer, me cuesta entender qué hace aquí. Y eso que es una de las que más me gustaban en los snippets.
Burning Desire es sensual, pero quizás bastante lenta. Aún así, no se hace demasiado pesada, y resulta una buena forma de terminar el disco.
En definitiva, Lana ha conseguido plasmar el concepto contrario al de Born To Die con un EP formidable y canciones para el recuerdo. Si además lo une a buenos vídeos y a sus grandes -a la vez que sencillos- conciertos en directo, tenemos una mezcla perfecta. Bravo.
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